Los fotógrafos somos gente observadora. Lo somos. “Niña estás atontada”, “estás en las nubes, baja a la tierra”, eran frases que oía con frecuencia. Rezos continuados y bastante agotadores. Que por un oído me entraban y por otro me salían. No estaba atontada. Tampoco en las nubes. Simplemente me recreaba en los pequeños detalles que para los demás pasaban inadvertidos.
Nos recreamos. En nuestro mundo particular. Lo hacemos. De niños somos capaces de hacer un viaje en total silencio. Las diminutas manos apoyadas en el borde de la ventanilla mirando cada detalle como si quisiéramos atesorarlo todo en nuestra memoria. Así éramos. Y así seguimos. Y son esos pequeños detalles que suelen ser invisibles a los demás los que nos hacen ver aquello que no parece estar. Pero que está. Está. Y es importante que esté. Aunque ni te fijes. Belleza invisible que nos hace sentir que estamos en un sitio único y especial. Mi ciudad es elegante y decadente. Como un antiguo palacio veneciano. Cada esquina susurra una historia. Sólo hay que saber escuchar. Mirar. Respetar. Texto & Foto: Belén de Benito (17)
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AuthorBelén de Benito Archives
April 2018
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